Ya sea cayendo de acantilados milenarios en la Costa Sur, precipitándose de forma majestuosa del glaciar del Parque Nacional Vatnajokull o descendiendo de algún lugar en los Fiordos del Oeste, las cascadas de Islandia son una visita obligada en Islandia.
Como parte esencial del ciclo natural de este país, las cascadas de Islandia tienen su origen en los glaciares del país y fluyen por grandes canales desde las Tierras Altas hacia el Océano Atlántico.
Al conducir por Islandia, es prácticamente imposible no ver una cascada en algún momento del viaje. Algunas son enormes, como Dynjandi en los Fiordos del Oeste, mientras que otras son pequeñas y están escondidas en gargantas junto al acantilado, como la fotogénica Gljufurarfoss.
En las rutas turísticas más populares del país, existen otras cascadas fundamentales que ver. Por ejemplo, Gullfoss es una de las cascadas islandesas más apreciadas y es una parada esencial de la ruta del Golden Cicle, mientras que Seljalandsfoss y Skogafoss son de visita imprescindible en el sur.
Las cascadas también han desempeñado un papel esencial en la historia y el folk de Islandia. La cascada Godafoss fue, por ejemplo, el lugar de descanso final de muchos ídolos paganos después de que los primeros colonos de Islandia los arrojaran a ella como prueba de su nueva creencia cristiana.
Otro ejemplo es el cofre del tesoro escondido que supuestamente se encuentra detrás de la cortina de agua de Skogafoss. Según la leyenda, el cofre fue colocado aquí por Thrasi Thorolfsson, colono vikingo en Skogar. La leyenda dice que tras de intento fallido de recuperarlo, uno de los anillos del asa se desprendió por accidente, dejando el cofre atrás. El anillo se colgó primero en la puerta de la iglesia en Skogar, antes de ser trasladado al museo del pueblo.